Terremotos en el Reino de Chile

Ya todos sabemos, aunque no hemos asumido, que los terremotos siempre nos han acompañado. Como prueba de esta afirmación, dejamos a disposición de nuestros lectores una crónica de Pedro Mariño de Lobera sobre el terremoto, tsunami y posterior salida del Riñihue que azotaron la zona de Valdivia hace casi 5 siglos atrás.

Agradecemos este post a nuestra investigadora Paola González.

Terremoto de Valdivia y salida del Riñihue, en 1575…

Era cosa que erizaba los cabellos y ponía los rostros amarillos el ver menearse la tierra tan apriesa y con tanta furia que no solamente caían los edificios, sino también las personas, sin poder sostenerse en pie a pesar de que se asían unos de otros para afirmarse en el suelo.

 Demás de esto, mientras la tierra estaba temblando por un cuarto de hora, se vio en el caudaloso río, por donde los naos suelen subir sin riesgos, una cosa notabilísima, y fue que en cierta parte dél se dividió el agua, corriendo una parte de ella hacia la mar y la otra parte río arriba, quedando en aquel lugar el suelo descubierto, de suerte que se veían las piedras. Ultra desto salió la mar de sus límites y linderos, corriendo con tanta velocidad por la tierra adentro como el río de mayor ímpetu del mundo. Y fue tanto su furor y braveza, que entró tres leguas por la tierra adentro, donde dejó gran suma de peces muertos, de cuyas especies nunca se había visto otros en este reino. Y entre estas borrascas y remolinos se perdieron dos naos que estaban en el puerto, y la ciudad quedó arrasada por tierra sin quedar pared en ella que no se arruinase.

Cayó a esta coyuntura un altísimo cerro que estaba catorce leguas de la ciudad, y extendiendo la máquina de su corpulencia, que atravesó en el gran río de Valdivia, por la parte que nace la profunda laguna de Renigua, cerrando su canal de suerte que no pudo pasar gota de agua por la vía de su ordinario curso, quedándose la madre seca, sin participar la acostumbrada influencia de la laguna. Y fue tan grande la máquina del cerro, que tuvo cerrada la boca del desaguadero por más de cuatro meses, represándose siempre el agua en la gran laguna hasta que reventó…

 Y así por esto como por estar en lugar alto, salió bramando y hundiendo el mundo sin dejar casa de cuantas hallaba por delante que no llevase consigo. Y no es nada decir que destruyó muchos pueblos circunvecinos anegando a los moradores y ganados, mas también sacaba de cuajo los árboles por más arraigados que estuviesen.

 Y por ser esta avenida a media noche cogió a toda la gente en lo más profundo del sueño, anegando a muchos en sus camas y a otros al tiempo que salían dellas despavoridos. Y los que mejor libraron eran aquellos que se subieron sobre los techos de las casas, cuya armazón era de palos cubiertos de paja y totora, como es costumbre entre los indios. Porque aunque las mismas casa eran sacadas de sus sitios y llevadas con la fuerza del agua, con esto por ir muchas de ellas enteras como navíos, iban navegando como si lo fueran y así los que iban encima podían escaparse, mayormente siendo indios, que es gente muy versada en nadar en el agua.

 Mas hablando de los de la ciudad de Valdivia, habría tanto que decir acerca de esto, que excediera la materia a lo que sufre el instinto de la historia…

 Pedro Mariño de Lobera

Crónica del Reino de Chile

Editorial Universitaria, 1970